sábado, 3 de diciembre de 2016

"Cualquier objeto pirotécnico es peligroso en manos de los niños", afirmó especialista



Demetrio Gonzales Aguilar había terminado de colocar una puerta y volvía feliz a casa de su hermana, en Independencia, para recoger a sus dos hijos: Brian, de 12 años, y Jesús, de 11. Era 26 de diciembre de 2015 y había pasado la Navidad en su casa de Puente Piedra junto a sus pequeños.

Desde que su madre los abandonó, dos años antes, era la primera vez que los tres reían y no lloraban, pero la felicidad les duró muy poco. Una llamada telefónica alertó a Demetrio. ¿Es el padre de Brian y Jesús?, le preguntaron. “Venga urgente con su DNI, sus hijos se han quemado, es grave”, fue el mensaje devastador.

Los niños habían encontrado los restos de una bombarda llamada ‘torta’ y como notaron que algunos cohetones no reventaron, decidieron sacar toda la pólvora, la chancaron y la juntaron en una hoja de cuaderno. Luego fueron a un descampado y le prendieron fuego, pero inmediatamente fueron envueltos por las llamas, que les causaron quemaduras de tercer grado en el rostro, las manos, las piernas y parte de su cuerpo.

“Su piel de la CARA de mi hijo menor se desprendía. Los dos estaban quemados; era triste ver así a mis hijos. Estuvieron solos y sin ayuda, y prácticamente cegados por la explosión llegaron a rastras a la casa de mi hermana y se metieron a la ducha. Allí, mi hermano los encontró y los llevó de emergencia”, cuenta Demetrio.(Peru21)

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