
Durante la misa dominical se realizó la lectura del Santo Evangelio de San Juan, donde los fariseos le traen a Jesús un caso difícil, han sorprendido a una mujer en adulterio: La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras: tú, ¿qué dices?". Entonces Jesús se levanta y les dice: "El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.
Los fariseos al oírlo, se retiran poco a poco, quedándose solo la mujer frente a Jesús quien le pregunta: - "¿Mujer, dónde están tus acusadores?, ¿Ninguno te ha condenado? Ella contestó: "Ninguno, Señor". Y Jesús le dijo: Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más".
En el relato de Jesús la mujer que cometió adulterio, vemos la compasión de Jesús en plena exhibición pública en el templo. Esta historia es igualada solamente por la parábola de Jesús del hijo Pródigo al mostrar el amor y la misericordia de Dios, y el camino a la salvación.
Asimismo, Dios nos llama a apartarnos del pecado, pero a su vez, nos ofrece el perdón. Esta historia expone el pecado de la arrogancia, una tendencia en todos nosotros. Dios ofrece a todas las personas la oportunidad de arrepentirse y comenzar una vida nueva y transformada.
Es así que el evangelio insta a que el ser humano no debe juzgar a sus semejantes, si ni Dios mismo nos condena ¿Cómo nosotros podemos condenar? La intención de Dios es que el pecador se arrepienta y siga por el buen camino.
Los fariseos al oírlo, se retiran poco a poco, quedándose solo la mujer frente a Jesús quien le pregunta: - "¿Mujer, dónde están tus acusadores?, ¿Ninguno te ha condenado? Ella contestó: "Ninguno, Señor". Y Jesús le dijo: Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más".
En el relato de Jesús la mujer que cometió adulterio, vemos la compasión de Jesús en plena exhibición pública en el templo. Esta historia es igualada solamente por la parábola de Jesús del hijo Pródigo al mostrar el amor y la misericordia de Dios, y el camino a la salvación.
Asimismo, Dios nos llama a apartarnos del pecado, pero a su vez, nos ofrece el perdón. Esta historia expone el pecado de la arrogancia, una tendencia en todos nosotros. Dios ofrece a todas las personas la oportunidad de arrepentirse y comenzar una vida nueva y transformada.
Es así que el evangelio insta a que el ser humano no debe juzgar a sus semejantes, si ni Dios mismo nos condena ¿Cómo nosotros podemos condenar? La intención de Dios es que el pecador se arrepienta y siga por el buen camino.
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