
Esperanza. Es lo que la profesora Felicitas Espino Vivanco percibe al ver los ojos de sus alumnos. Ellos son la motivación de esta risueña maestra de 53 años, quien todos los días madruga para llegar a tiempo a un colegio ubicado en un cerro de Pamplona Alta, en San Juan de Miraflores.
Ella comienza su día a las 4:30 a.m. Prepara su lonchera, alista su material didáctico, revisa los trabajos manuales de sus alumnos y sale volando al paradero. Tras caminar 25 minutos, llega al puente Aramburú. Allí, aún a oscuras, aborda una combi, y una hora y media después llega al peligroso barrio de San Francisco.
Hoy tengo clases de comunicación con escolares de segundo y quinto de secundaria. Yo no me canso, pues estoy convencida que solo con la educación se podrá cambiar a nuestro país, este es mi granito de arena, este es mi sueño, afirma mientras sube sudorosa por estrechas y descoloridas calles hasta cruzar la puerta del colegio Andrés Avelino Cáceres.
Han transcurrido más de 18 años desde que Felicitas pisó por primera este centro educativo que, hoy, luce en abandono. Sin embargo, esto no le importa. Ella solo quiere ver triunfar a sus niños.
Ni la inseguridad de la zona la ha desanimado. En dos oportunidades me han querido asaltar con pistolas y cuchillos cerca del colegio, cuenta.
Todos me preguntan por qué voy a enseñar hasta San Juan de Miraflores, cuando puedo hacerlo en un colegio miraflorino. Hasta mi hijo de 17 años me reclama. Me dice: mamá ganas una miseria y te vas tan lejos.(Peru21)
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